Ayer maté a Gregorio Samsa (La metamorfosis social individual)
Ayer maté a Gregorio Samsa. Lo asesiné a sangre fría.
Conocí a Gregorio hace años, cuando era niño, cuando su movimiento, su andar y su forma de ser me asombraban, me atraían y provocaban arcadas.
Recuerdo cuando era pequeño y Gregorio trepó por mi camisa, hasta mi boca en busca de comida. Yo me asusté, yo le pegué tal manotazo que mi extraño amigo perdió el sentido.
Años más tarde volví a ver a Gregorio en la calle. Y cada vez que me tropezaba con él, y cada vez que lo venía, y cada vez que pasaba junto a él, mi mente regurgitaba sus palabras, su vida, a K.
Ayer maté a Gregorio Samsa. Pasó junto a mi lado por la noche, lo ví, y volví a sentir asco, miedo y agonía. Gregorio no me vió, así que lo asesiné por la espalda, de un pisotón. Le dejé caer una toneleda de sentimientos, de aquellos que se esconden en nuestra parte más oculta. Le devolví el miedo convertido en seguridad. Asesiné a Gregorio a sangre fría. Y después lo tiré a la basura.
Asesiné las palabras de K. Me comporté como los padres de Gregorio. Me convertí en la sociedad capitalista, evolucionista, consumista, globacionista, ista. Me perdí y me poseñó ese miedo a lo extraño, a lo diferente, a lo peredecedero, a aquello que es y no cambia. Asesiné al individuo, al insecto, a la metáfora, al ser humano reprimido, agobiado. A aquel ser que pide auxilio cuando todos le dan la espalda, cuando se hace invisible, cuando decrece y se convierte en una misarable y asquerosa cucaracha.


deralte dijo
Muy bueno. Desgraciadamente Gregorio Samsa se reproduce eternamente una y otra vez.
Saludos
19 Octubre 2008 | 07:35 PM